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El tacto es el principal medio de comunicación de un bebé. Por ello, el masaje en el bebé puede ser considerado como un lenguaje. Es un lenguaje corporal en el que padres y bebés se comunican de una manera dulce y sensible.
El masaje en bebés es muy importante para los pequeños. Y es que los niños no adquieren conciencia de su cuerpo hasta la edad de 7 meses. Hasta esa época ellos aún no son conscientes que ya son una persona individual, que ya están separados de su madre.
Uno de los muchos beneficios de este tipo de masaje es que le proporciona al niño seguridad (necesaria después del paso del útero materno al mundo) y a los padres confianza con su pequeño bebé, ya que gracias al masaje y al contacto con su pequeño adquieren consciencia de él.
El masaje favorece la relajación en ambas partes además de aportar bienestar, estimular la circulación sanguínea y linfática, atenuar dolores y favorecer el tránsito intestinal. Y, además, contribuye al desarrollo del bebé porque prepara su cuerpo “enrollado” en posición fetal, a la posición sentada y, posteriormente, a la posición de pie.
Para que el bebé y tú disfrutéis plenamente del masaje sólo debes seguir unas pautas sencillas y fundamentales. Lo primer que tenemos que tener en cuenta es que debemos elegir un momento del día en la que ambos estemos totalmente relajados (tras el baño del bebé suele ser un momento idóneo). Además debe ser en un lugar cálido y cómodo en el que sepamos que el niño no pasará frío.
Debemos intentar que el niño esté todo lo tranquilo y sin distracciones posibles, por lo que es recomendable que sólo estéis en la sala tú y él. Así el niño prestará más atención a las caricias y el masaje será más efectivo.
Nuestras manos deben estar bien suaves y deslizantes. Para ello podemos utilizar leche hidratante de bebés. Eso sí, debemos calentar nuestras manos antes de tocar al bebé, frotándolas bien. La mejor forma de empezar el masaje es jugando con nuestro bebé y hablándole tranquilamente. La comunicación verbal no debe faltar en todo el masaje. Esto hará que el niño se sienta más cómodo.
El tacto es un alimento para la piel y para el corazón, una forma de decirle “te quiero” con las manos. Además de tejer unos lazos con nuestro bebé privilegiados.
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